Adaptar la estrategia en tiempos de COVID

No se puede regresar a hacer lo mismo de siempre. Las dinámicas organizacionales se han modificado y los cambios van a continuar en los próximos meses. En medio de la incertidumbre, de las dificultades operacionales y de los esfuerzos por mantener a los clientes, es conveniente detenerse y definir el foco y la dirección que permita estar vigentes o mejor aún, ganar en este proceso de adaptación.

Establecer lo importante

Si se pretenden alcanzar resultados financieros óptimos en momentos de coyuntura internacional, pensar diferente es indispensable. La agencia calificadora Moodys espera que la economía mexicana comience a recuperarse paulatinamente a partir de la segunda mitad del año. Sin embargo, las empresas no pueden esperar a que la pandemia termine para actuar. La planeación y la priorización son la médula de los negocios durante la contingencia que ayudan a minimizar el efecto económico del COVID19.

Hay que identificar lo fundamental y la manera llegar a ahí. What Matters (equipo editorial del libro Measure What Matters) a propósito de la crisis que se vive, menciona que los objetivos a planificar son críticos para que las organizaciones sean capaces de navegar en los siguientes meses. Es tiempo de reajustar a lo significativo.


¿Qué camino seguir para actualizar de la estrategia?

Este no es un ejercicio sencillo, sobre todo cuando hay tantos asuntos por resolver. Los siguientes consejos pueden ayudar a adaptar la estrategia en tiempos de COVID, orientándose a lo crucial:


Claridad en la existencia. ¿Quiénes somos? Reafirmar la filosofía organizacional es obligatorio; en ella se encuentra inherente la esencia de la empresa y el modo de conducirse independiente de las circunstancias. Es necesario preguntarse la razón de existir para identificar el propósito que facilite la transformación.


Cuestionarse el porqué visibiliza del marco de acción para lograr un fin. Facilita la toma de decisiones y establece las pautas a seguir para definir y conseguir la meta.


Pocos objetivos. ¿Qué se quiere lograr? Para responder, primero se debe tener foco en el impacto; es decir, pensar en las consecuencias que se buscan con las acciones que se realizarán. Los esfuerzos requieren ser orientados al mayor efecto posible; entre menos objetivos se tienen, el seguimiento de su cumplimiento es menos complejo.


Lo idóneo es elegir entre dos y tres objetivos. Así, la energía estará dirigida a alcanzarlos y los equipos generarán una mayor capacidad de colaboración. ¿Qué continuar, qué desechar y qué modificar? son preguntas fundamentales al momento de fijar dichas metas.


Responsables definidos. ¿Quién se encargará de que las cosas sucedan? Cuando no existe un nombre y un apellido, la ambigüedad se hace presente. Es sencillo suponer que alguien lo hará o en el mejor de los casos (pero nada bueno), existan más de dos personas repitiendo acciones.

Para evitarlo, cada objetivo requiere un dueño.


Comunicación para alinear. ¿Qué decir para que todos sepan qué hacer? Es vital que cada persona en la organización conozca los objetivos de forma concisa. Explicarlos adecuadamente mueve a todos hacia la misma dirección, pero también disminuye la incertidumbre en un entorno poco predecible.


La alineación no sólo es respecto al rumbo; también implica que todos los colaboradores tengan clara cuál es su aportación y cómo contribuyen a alcanzar los resultados esperados. Se genera motivación y hay mayor eficacia.


Ante los nuevos comportamientos del mercado la respuesta es adaptarse. Contar con una estrategia estructurada y flexible facilita adecuar los recursos al entorno. Los minutos son determinantes; el pensamiento necesita ser rápido y las acciones contundentes. Lo cual lleva a un único planteamiento: ¿Qué tan preparadas están las empresas para afrontar y recuperarse a la nueva realidad que deja una pandemia mundial?


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